Aarón, de diez años, descubrió algo que cambió su perspectiva de vida: sus mejores recuerdos nunca ocurrieron frente a una pantalla. Con la historia del día que casi se pierde conocer a Keylor Navas por estar jugando videojuegos, y el orgullo de ganar una medalla de plata en la Olimpiada de Matemáticas, Aarón argumenta que los niños no necesitan menos sueños, sino más oportunidades reales para descubrirlos. Porque la infancia no debe ser pasiva: los sueños más importantes se viven con esfuerzo, con personas reales y con experiencias reales.
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